El País – Las Novias ya no quieren ser cenicienta

Una condición fundamental para elegir el traje es el presupuesto, y además de las opciones de alta costura, también han surgido nuevos negocios especializados en diseños más económicos o de segunda mano. Es el público al que se dirige El Tocador Vintage, una tienda pequeña ubicada en el centro de Madrid cuya diseñadora y propietaria, Aída Gómez, sabe desde hace ocho años que las novias actuales son, ante todo, prácticas. “Ahora, se prefiere no gastar tanto en el vestido y gastar más en la celebración, en interactuar, en divertirse, en el viaje, en tener detalles con los invitados y, en definitiva, en disfrutar”, cuenta. El cambio más importante es que el vestido ha pasado de ser lo más importante y el símbolo principal de la boda a ser un elemento más. “Muchas tienen muy presente que el traje es solo para un día”, explica Aída Gómez. Por eso, ahora se piensa en el conjunto y se intenta economizar en cada detalle, teniendo en cuenta que el vestido es fundamental, pero no es lo único”.

Su negocio abrió en plena crisis con una sección de vestidos de segunda mano seleccionados de determinados diseñadores. También crean su propia colección, más exclusiva, con prendas caracterizadas por la sencillez, el requisito más solicitado. “Trabajamos con un estilo muy sencillo, con un aire moderno y casual. Lo que más nos piden es un vestido con falda lisa, cuerpo de encaje y espalda descubierta”. Gustan los detalles originales para sentirse diferentes, y hay desde aires surferos —que incluyen detalles de trenzas— hasta encajes de algodón y estilo ibicenco. El presupuesto medio está en torno a los 1.000 euros, y la diseñadora no duda del motivo. “Si las novias destinan menos dinero al vestido se debe sobre todo a un cambio de actitud y de pensamiento, a un concepto diferente de entender las bodas. El vestido importa, pero hay mucho más”.


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Una condición fundamental para elegir el traje es el presupuesto, y además de las opciones de alta costura, también han surgido nuevos negocios especializados en diseños más económicos o de segunda mano. Es el público al que se dirige El Tocador Vintage, una tienda pequeña ubicada en el centro de Madrid cuya diseñadora y propietaria, Aída Gómez, sabe desde hace ocho años que las novias actuales son, ante todo, prácticas. “Ahora, se prefiere no gastar tanto en el vestido y gastar más en la celebración, en interactuar, en divertirse, en el viaje, en tener detalles con los invitados y, en definitiva, en disfrutar”, cuenta. El cambio más importante es que el vestido ha pasado de ser lo más importante y el símbolo principal de la boda a ser un elemento más. “Muchas tienen muy presente que el traje es solo para un día”, explica Aída Gómez. Por eso, ahora se piensa en el conjunto y se intenta economizar en cada detalle, teniendo en cuenta que el vestido es fundamental, pero no es lo único”.

Su negocio abrió en plena crisis con una sección de vestidos de segunda mano seleccionados de determinados diseñadores. También crean su propia colección, más exclusiva, con prendas caracterizadas por la sencillez, el requisito más solicitado. “Trabajamos con un estilo muy sencillo, con un aire moderno y casual. Lo que más nos piden es un vestido con falda lisa, cuerpo de encaje y espalda descubierta”. Gustan los detalles originales para sentirse diferentes, y hay desde aires surferos —que incluyen detalles de trenzas— hasta encajes de algodón y estilo ibicenco. El presupuesto medio está en torno a los 1.000 euros, y la diseñadora no duda del motivo. “Si las novias destinan menos dinero al vestido se debe sobre todo a un cambio de actitud y de pensamiento, a un concepto diferente de entender las bodas. El vestido importa, pero hay mucho más”.


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Su negocio abrió en plena crisis con una sección de vestidos de segunda mano seleccionados de determinados diseñadores. También crean su propia colección, más exclusiva, con prendas caracterizadas por la sencillez, el requisito más solicitado. “Trabajamos con un estilo muy sencillo, con un aire moderno y casual. Lo que más nos piden es un vestido con falda lisa, cuerpo de encaje y espalda descubierta”. Gustan los detalles originales para sentirse diferentes, y hay desde aires surferos —que incluyen detalles de trenzas— hasta encajes de algodón y estilo ibicenco. El presupuesto medio está en torno a los 1.000 euros, y la diseñadora no duda del motivo. “Si las novias destinan menos dinero al vestido se debe sobre todo a un cambio de actitud y de pensamiento, a un concepto diferente de entender las bodas. El vestido importa, pero hay mucho más”.


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Su negocio abrió en plena crisis con una sección de vestidos de segunda mano seleccionados de determinados diseñadores. También crean su propia colección, más exclusiva, con prendas caracterizadas por la sencillez, el requisito más solicitado. “Trabajamos con un estilo muy sencillo, con un aire moderno y casual. Lo que más nos piden es un vestido con falda lisa, cuerpo de encaje y espalda descubierta”. Gustan los detalles originales para sentirse diferentes, y hay desde aires surferos —que incluyen detalles de trenzas— hasta encajes de algodón y estilo ibicenco. El presupuesto medio está en torno a los 1.000 euros, y la diseñadora no duda del motivo. “Si las novias destinan menos dinero al vestido se debe sobre todo a un cambio de actitud y de pensamiento, a un concepto diferente de entender las bodas. El vestido importa, pero hay mucho más”.


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